Cómo te puedes despedir de alguien que en algún momento ha sido importante para ti.
Sabes que no es un hasta mañana, sino quizás un hasta siempre. Y no porque esté enfadada esa personas contigo, ni le caigas mal, ni que exista una mala opinión entre ambas. Sino que simple y llanamente se va. Y no la vas volver a ver.
Te quedas vacío porque notas su ausencia, aunque sabes que esa personas sigue viva en otra parte.
Hasta hace un tiempo pensaba que este tipo de despedidas, es como quien se despide de un amigo y luego con el tiempo va perdiendo el contacto. Alguna vez te acuerdas de esa persona, pero te vuelves remolón para llamarla. Hoy esa idea me parece infantil, y lo que me apetece es recordar esos buenos momentos que he vivido con esa persona. Los abrazos, las sonrisas, los silencios con cara de tonto enarcando las cejas, o buscando una respuesta, que ninguno de los dos quería mentar, y que nos echábamos a reir.
Quizás sea masoquismo, ganas de sufrir recordando a esa persona, precisamente ahora que no va a estar. Pero lo que no quiero es olvidarla.
Categoría: Cosas que pasan
Para todos el tiempo transcurre, ya sea demasiado rápido o demasiado lento. Pero siempre transcurre.
Algunos pueden dedicarlo para hacer o planificar cómo se debe construir un edificio, otros, simplemente no tienen esa capacidad. En esto influye no solo la disposición de ese tiempo sino también los conocimientos del individuo.
La adiquisición d eesos conocimientos requieren de tiempo, mientras que otras personas, decidieron dedicarlo a otras cuestiones.
No se trata esencialmente del cómo hemos aprovechado nuestro tiempo, sino saber o al menos plantearnos qué hacer con él en el presente o en el futuro.
Si miramos hacie ese futuro podemos hacernos muchas preguntas:
¿Es lo que quiero realmente?
¿Es necesario?
¿Es lo mejor para mi o para los mios?
¿Nos sentimos bien pensando sobre ese futuro?
¿Nos sentiremos bien cuando ese futuro cercano pase?
En par de ese tiempo está ese conocimiento exlusivo o que nos ha costado obtener.
¿El poseer ese conocimiento nos hace sentirnos mejor? O simplemente no nos planteamos un futuro sin ese conocimiento?
Supongo que estoy en un momento de mi vida donde me pregunto qué voy a hacer con mi vida. Seguramente dentro de unos años, no muchos, me preguntaré qué he hecho con ella.
Mientras me pregunto esto, intento creer que puedo elegir entre un montón de tipos de vida, unas mas estresantes que otras, unas que me reportarán fama, o quizás dinero.
Algunas ya las he visto, como es la del adicto a lo que sea, otras las de la autocomplacencia, otras las de busqueda constante de la verdad o de lo que creemos la verdad.
Podemos decidir ser promulgadores de la pequeña verdad que tenemos, o anunciar a los cuatro vientos que la estamos estudiando. Podemos querer simplemente vivir nuestras vidas, con un trabajo de 8 horas hasta que cuando tengamos 65 nos digamo qué hemos hecho con nuestra vida.
Podriamos aprender algo distinto y dedicarnos a algo que siempre nos gustó pero que no nos va a dar la riqueza (o incluso de comer) o buscar el amor entre las distintas personas que vamos conociendo a lo largo de nuestra vida.
Son tantas posibilidades.
Sin embargo a veces decidimos como si las conocieramos, como si al ver al tipo que apostó por algo que no le da dinero nos tiene que dar pena (cuando igual es al revés). Cuando pensamos en la vida de los que optaron por otros caminos puede que sea tan glamourosa o tan desencantada que igual ya descubrirán con el tiempo que ese glamour o las riquezas que tengan no te dan la felicidad. Sin embargo cuando ves que alguien lo intenta, sientes envidia. ¿Por qué será?.
Por ello sabemos, o creemos saber, y en ocasiones deseamos creer para que se convierta en sapiencia, que los ricos son infelices o que los pobres son siempre personas honradas.
Cuando llegué a la carrera de informática, un profesor dijo:
Los ordenadores son tontos, hay que decirles todo para que puedan hacer algo.
A continuación hizo un algoritmo de cómo freir un huevo, que ahora que lo recuerdo, era una versión algo más sosa de cómo tomarse un vaso de agua de Tip y Coll.
Pero vayamos al grano.
Cuando queremos enseñarle a las máquinas un concepto se le suelen enseñar reglas (tanto positivas como negativas). Por ejemplo, si queremos decirle lo que es un coche empezariamos: Es un vehiculo.
A continuación le enseñariamos una moto y el ordenador diría: es un coche.
Nosotros le diriamos que no, porque un coche tiene cuatro ruedas.
Eso lo apunta la máquina, y a continuación le pondríamos un quad.
La máquina (sonriente, si es que pueden sonreir) diría: eso es un coche
Y tendríamos que decirle que no lo es, porque aunque tiene cuatro ruedas, no tiene habitáculo para los pasajeros.
Este sería un ejemplo de aprendizaje para la máquina, y así mediante reglas, se va acercando al concepto de coche.
A nosotros nos pasa cosas similares. A veces pensamos que una persona es de esta manera o de otra, en virtud de algunos indicios o por antecedentes. Hace poco me contó una amiga un caso que le ocurrió. Conocía a un chico de origen sudamericano, y que por dicho origen había tenido problemas para encontrar trabajo. Pensaba que porque había sufrido situaciones de discriminación comprendería mejor a otras personas discriminadas. Sin embargo, se dio cuenta que esta persona, tenía prejuicios contra los gordos. Y claro, la idea de que alguien que haya sufrido prejuicios, no pueda discriminar a otros por lo mismo, le parecía un poco chocante.
Quizás en este caso es que al ser un tipo de prejuicio distinto al que había sufrido no se veía reflejado, y por lo tanto ese mecanismo de solidaridad no se había activado.
Volviendo a nuestro concepto de las personas o del mundo, vamos añadiendo poco a poco nuevas reglas de cómo creemos que se comporta todo, y al final nos vamos aproximando cada vez más a lo que es el mundo en sí.
Existen personas que se dedican cada vez que les viene una regla que con encaja con las anteriores sin al menos estudiarlas. Estas personas, seguirán sin comprender nada, y se quedarán con un conocimiento limitado. Esto suele ocurrir con algunos ejemplares de votantes a algunos partidos políticos, a los cuales les puedes poner un caso real e irrefutable de que algo se ha hecho mal, y nunca lo reconocerán. De hecho creerán que les estás presentando una regla falsa, que lo que ellos conocen es lo cierto, y que de ahí no se tienen que mover.
No les podemos quitar la razón en que pueden presentarse reglas falsas, pero al menos hay que estudiarlas porque si no, cuando lleguen reglas verdaderas, nos quedaremos con los conocimientos que teniamos al principio.
Por ejemplo:
Partimos que el ratoncito Perez existe
- Regla 1: cuando se cae un diente, te deja algo de dinero
- Regla 2: cuando dejan de caerse los dientes, deja de aparecer dinero.
- Regla 3: Tienes un accidente y te partes los dientes, pero no aparece dinero.
Conclusión: El ratoncito Pérez ha muerto o nos hemos olvidado del ratoncito Pérez.
Parece que todo lo que se hace de ahora en adelante se tiene que hacer con concenso. Hay que comunicar lo que se desea hacer o bien, votarlo.
No me imagino al jefe de bomberos, en pleno incendio, haciendo una votación sobre cómo abordar mejor un fuego. En todo caso alguno de sus hombres le puede decir algún "pero" que exista en su plan, pero nada más.
El resto de nuestro tiempo no es por suerte una situación tan extrema como la del incendio, pero sí se nos plantea a veces la tentación de acordar cosas con los demás. Por ejemplo el ir a una exposición. Llega algo interesante que queremos ir, y pasa que nuestra pareja, o nuestros amigos no quieren y no sólo eso sino que tiene un plan alternativo, que no es un mal plan, pero tenías curiosidad por ir a esa muestra fotográfica o pictórica.
A veces nos pasa que simplemente lo dejamos para más adelante, y luego ya sea mediante el despiste, o bien mediante la impotencia, vemos como la exposición se aleja de nosotros inexorablemente.
Luego nos llega una breve sensación de frustración por habernos perdido algo que nos había llamado la atención, porque a otra persona no le apetecía.
En estos momentos recomiendo que miren a sus pies.
Si, a sus pies.
Las ven?
No ven la cadena que la ata a la otra persona?
Igual es que no existe esa cadena.
Parece una obviedad esto que comento, pero hay personas que parecen que tienen que andar juntas a todas partes. A veces se puede ir solo al museo. Se puede, lo he hecho y he sobrevivido a la experiencia.
Si nos ponemos a hacer memoria, podemos recordar que esa otra persona no ha estado en otros muchos momentos de nuestra vida. No estuvo en mi nacimiento (a menos que se trate de un hermano gemelo o mellizo), ni cuando fui al colegio, o cuando fue mi primer beso. Tampoco estuvo la primera vez que disfruté de la fotografía, o incluso esa persona no fue quien te enseñó a buscar en un Caravaggio rostros de prostitutas con una pícara sonrisa. Hay más personas, y esas personas, las hemos descubierto en muchas ocasiones por nosotros mismos, o nos las han presentado. Pertenecen a situaciones distintas a las que nos moveríamos con nuestro acompañante habitual, y parece que porque tengamos esa cadena invisible debamos renunciar a ellas.
Por eso, a veces cuando se hacen planes, igual hay que hacer lo que a uno le apetezca, y no quedar en esa falsa democracia que sería delegar nuestro voto en el de la otra persona esperando encontrar la misma opinión que hubiéramos emitidos nosotros mismos.
El primero al que escuché decir esta frase del todo a cien fue al antropólogo Manuel Delgado en una tertulia radiofónica. Quizás sea de otra persona, pero el cariz que se le daba era el de toparnos cada día con cierta forma de expresar las cosas de una forma distinta, de un modo filosófico, tranquilo y casi descubriendo una secreta verdad que estaba ahí a la vista de todos.
A veces tropezamos con grandes ideas en el día a día, y es cierto que también nos encontramos con frases grandilocuentes que parecen decir mucho pero que si las analizamos y las miramos en profundidad (e incluso si imaginamos que lo que dijera se hiciera realidad) nos encontrariamos antes una tontería infantil llena de buenos deseos, o con algún espantoso futuro.
Un ejemplo podría ser ese tipo de filosofía pseudo-yupi (o pseudo-empresarial, como se quiera llamar) donde se intenta trasladar modelos que igual son necesarios en el entorno económico-empresarial a la vida cotidiana. Seguro que les suena el cuento de dos tipos que se pierden en la selva y de repente se encuentran un león. Uno de ellos se quita las botas y se pone unas zapatillas de correr, y el otro le pregunta, por qué haces eso? y el otro le responde: para correr más que tú.
Al principio alguno podría sonreir al escuchar la frase, luego la piensas con frialdad y no le ves la gracia por ningún lado. De hecho es un terrible pensar en esa situación y en la frialdad de hacer eso y decir esas palabras. Podríamos continuar el cuento de la siguiente manera:
Mientras se ponia las zapatillas el otro le apuñaló una pierna, y salió huyendo. Fin de la historia.
Mira que bonito termina esto.Esa inteligencia que había ante la frase: para correr más que tú, termina en el suelo, desangrándose porque el otro al ver lo que le esperaba decidió pensar en lo mismo. No es el mismo funcionamiento o la misma idea que nacía en el cuento original? cuál es la diferencia? que si uno la palmaba era cosa de las zapatillas del otro que eran mejores, pero nada más. El resultado era el mismo, uno muriendo a manos del león. En la segunda versión del cuento, lo único que nos diferencia era el sentimiento de culpa, y aún así nos justificaríamos con aquello de : era él o yo.
Hay una frase que se dice muy a menudo y que uno al decirla queda muy bien y es: No hay justificación para la violencia.
Pero realmente, lo que hay en el día a día con lo que vemos en todas partes es que : Toda violencia puede ser justificada *
Cómo ha cambiado la frase verdad? y sin embargo mientras que en la primera nos sentimos limpios, con autoridad moral, con un sentimiento de estar por encima de los males del mundo, en la segunda, aparece un sentimiento que nos puede embargar y que puede ser más intenso y es:que es un pensamiento propio del mundo en el que vivimos. Más real, más sencillo, más humano y más cierta.
* Frase acuñada por Ignacio Mesa (a menos que alguien me diga lo contrario).
En algunas escrituras se decía que Dios era omnipresente, omnisciente, todopoderoso (sin especificar nunca lo que significaba eso).
Ahora miramos lo que somos y podemos pensar lo que dirían aquellos que escribieron las escrituras si nos vieran.
Podemos saber casi lo que queramos de cualquier lugar del mundo con solo desearlo. Podemos comunicarnos con cualquiera de una forma rápida. En cuanto a poder, avanzamos en las ciencias a pasos agigantados. Vivimos más tiempo, conocemos mejor nuestro organismo, lo mejoramos, lo podemos modificar. Poco a poco ¿quién de aquellos no nos puede decir que nos estamos acercando a Dios?.
Si lo miramos bien, Dios es aquello que no somos, alguien o algo que tiene la capacidad de crear, destruir o modificar a su antojo. En cierta manera somos así. Podemos hacer cosas asombrosas (tanto buenas como malas) y aún así seguimos pensando en Dios. Para qué? Para qué recurrimos a ese ser cuando las respuestas las tenemos nosotros. Lo que pasa es que nos da vértigo pensar así, el saber que no hay nadie a quien echarle la culpa de las desgracias que todo está en nosotros.
Igual aquella frase de que "Dios está en cada uno de nosotros" sea una forma críptica de indicarnos que somos ese Dios, y que cada parte de nosotros permite materializar ese poder.
Supongo que en el fondo es una idea que todos hemos tenido alguna vez, y podríamos preguntarnos también, por qué chocamos tanto los unos con los otros? por qué nos encontramos con personas parecen desear el mal?.
Sinceramente no tengo ni idea, pero supongo que es una forma de ser inmortal en algún caso ( a través de la historia, como si al aparecer en los libros la simple mención de sus nombres los mantuviera con vida o no los perdiera en el olvido). En otros casos simplemente para mantener una situación que no pueden controlar. Cada uno tendría sus razones para ello o para terminar siendo una "mala persona".
Hace años Jorge Valdano acuñó esa frase. Cuando pienso en ella me imagino esos partidos donde un equipo va perdiendo, y de repente por una carambola mete un gol, y ese mismo equipo, minutos más tarde, aparece centrado, presionando y con unas ganas que antes no tenía. El entrenador no ha cambiado a nadie, la disposición táctica es la misma. Qué ha pasado?
Volviendo a nuestro día a día, eso nos ocurre con más frecuencia de la que imaginemos. Siempre hemos escuchado la frase de que cuando las cosas van bien todo te sale bien. Y casi se puede decir que es así. Y no porque tengas más dinero o tengas más amigos o más habilidades que antes no tenías, sino que algo que no te dejaba ver se ha apartado y de repente aparecen opciones hasta de debajo de las piedras.
en muchas ocasiones en nuestro día a día las sensaciones que tenemos Respecto al mundo son tan espesas, tan pesimistas que nos dan la sensación de que hagamos lo que hagamos no podremos hacer nada. Que eso es para otras personas, para elegidos, hijos de papá y otros seres similares.
Pensemos por qué ocurre eso, por qué nos sentimos así, por qué en nuestro día a día no vemos las soluciones y mientras que un día todo parece factible, al día siguiente aquello era una locura.
