Supongo que cuando eres viejo y no tienes fuerzas, ni la soberbia de la juventud, ves las cosas un poco más claras, o por lo menos están tan justo de fuerzas que te deas cuenta de cuáles son más importantes y cuáles no.

Ahora en el día a día los políticos nos hablan de España, del choque de culturas, de miedo, de envidias. Preocupaciones, el trabajo, la familia, las discusiones las malas caras.
Si pasaran unos años y nos volviéramos a ver, nada de eso recordaríamos. O si lo recordamos, no le daríamos la importancia que tiene ahora, y que es capaz de dividirnos, de separarnos.
Queda siempre nuestras justificaciones, nuestros egos, nuestras ideas que hemos tomado de otros para seguir adelante. Algunas de ellas, reclamos para la amargura, de rabia, de enfrentamiento. De hecho si pensáramos lo que decimos nos daria miedo del alcance de nuestras palabras.
De la facilidad con que nos aparecen las palabras "nunca", "siempre", "matar".
Nos creemos a veces poseedores de la verdad, porque nos han enseñado así y también porque a veces en la vida hemos tenido que aprender que hay que seguir adelante con las ideas, porque aunque nos diéramos cuenta de que había errores, los otros aprovecharian para desacreditar todo nuestro trabajo por unos simples detalles.
Por ello, cuando se llega a viejo, parece que se comprenden mejor las cosas. Se entienden las cosas por las que vale la pena luchar, o dedicar nuestros esfuerzos y energias.
Quizás debamos aprovechar esas ocasiones donde nos sentimos viejos y ver realmente las cosas que nos motivan y que son las que valen la pena.
Tenemos mucho que enseñar, por lo menos yo sé que es así. Que aunque no sea un filósofo, el simple hecho de trabajar con las ideas de los otros y de entender que podemos mejorar las nuestras tomando lo que más nos gusta de los demás es un gran logro.