Buscando la libertad (VII) Aprendiendo de la inteligencia de las máquinas
Cuando llegué a la carrera de informática, un profesor dijo:
Los ordenadores son tontos, hay que decirles todo para que puedan hacer algo.
A continuación hizo un algoritmo de cómo freir un huevo, que ahora que lo recuerdo, era una versión algo más sosa de cómo tomarse un vaso de agua de Tip y Coll.
Pero vayamos al grano.
Cuando queremos enseñarle a las máquinas un concepto se le suelen enseñar reglas (tanto positivas como negativas). Por ejemplo, si queremos decirle lo que es un coche empezariamos: Es un vehiculo.
A continuación le enseñariamos una moto y el ordenador diría: es un coche.
Nosotros le diriamos que no, porque un coche tiene cuatro ruedas.
Eso lo apunta la máquina, y a continuación le pondríamos un quad.
La máquina (sonriente, si es que pueden sonreir) diría: eso es un coche
Y tendríamos que decirle que no lo es, porque aunque tiene cuatro ruedas, no tiene habitáculo para los pasajeros.
Este sería un ejemplo de aprendizaje para la máquina, y así mediante reglas, se va acercando al concepto de coche.
A nosotros nos pasa cosas similares. A veces pensamos que una persona es de esta manera o de otra, en virtud de algunos indicios o por antecedentes. Hace poco me contó una amiga un caso que le ocurrió. Conocía a un chico de origen sudamericano, y que por dicho origen había tenido problemas para encontrar trabajo. Pensaba que porque había sufrido situaciones de discriminación comprendería mejor a otras personas discriminadas. Sin embargo, se dio cuenta que esta persona, tenía prejuicios contra los gordos. Y claro, la idea de que alguien que haya sufrido prejuicios, no pueda discriminar a otros por lo mismo, le parecía un poco chocante.
Quizás en este caso es que al ser un tipo de prejuicio distinto al que había sufrido no se veía reflejado, y por lo tanto ese mecanismo de solidaridad no se había activado.
Volviendo a nuestro concepto de las personas o del mundo, vamos añadiendo poco a poco nuevas reglas de cómo creemos que se comporta todo, y al final nos vamos aproximando cada vez más a lo que es el mundo en sí.
Existen personas que se dedican cada vez que les viene una regla que con encaja con las anteriores sin al menos estudiarlas. Estas personas, seguirán sin comprender nada, y se quedarán con un conocimiento limitado. Esto suele ocurrir con algunos ejemplares de votantes a algunos partidos políticos, a los cuales les puedes poner un caso real e irrefutable de que algo se ha hecho mal, y nunca lo reconocerán. De hecho creerán que les estás presentando una regla falsa, que lo que ellos conocen es lo cierto, y que de ahí no se tienen que mover.
No les podemos quitar la razón en que pueden presentarse reglas falsas, pero al menos hay que estudiarlas porque si no, cuando lleguen reglas verdaderas, nos quedaremos con los conocimientos que teniamos al principio.
Por ejemplo:
Partimos que el ratoncito Perez existe
- Regla 1: cuando se cae un diente, te deja algo de dinero
- Regla 2: cuando dejan de caerse los dientes, deja de aparecer dinero.
- Regla 3: Tienes un accidente y te partes los dientes, pero no aparece dinero.
Conclusión: El ratoncito Pérez ha muerto o nos hemos olvidado del ratoncito Pérez.

Erika dijo
Muy acertado lo que has escrito. Muchas veces las personas que han sido discriminadas por algo, sea lo que sea, están llenas de prejuicios hacia los demás. No podemos limitarnos a permanecer en el concepto fácil de " esta persona es así o así por su procedencia o por su físico" y cito estas dos causas que son las que veo normalmente por la calle.
En lo que respecta a este tema, creo, que las reglas no tienen cabida, pues jamás se cumplen al 100%, por eso, me alegra ver que cada día son más las personas que no se limitan a unas reglas, sino que añaden nuevas reglas y dejan de seguir algunas.
10 Septiembre 2006 | 12:22 PM