El millón de vidas
Supongo que estoy en un momento de mi vida donde me pregunto qué voy a hacer con mi vida. Seguramente dentro de unos años, no muchos, me preguntaré qué he hecho con ella.
Mientras me pregunto esto, intento creer que puedo elegir entre un montón de tipos de vida, unas mas estresantes que otras, unas que me reportarán fama, o quizás dinero.
Algunas ya las he visto, como es la del adicto a lo que sea, otras las de la autocomplacencia, otras las de busqueda constante de la verdad o de lo que creemos la verdad.
Podemos decidir ser promulgadores de la pequeña verdad que tenemos, o anunciar a los cuatro vientos que la estamos estudiando. Podemos querer simplemente vivir nuestras vidas, con un trabajo de 8 horas hasta que cuando tengamos 65 nos digamo qué hemos hecho con nuestra vida.
Podriamos aprender algo distinto y dedicarnos a algo que siempre nos gustó pero que no nos va a dar la riqueza (o incluso de comer) o buscar el amor entre las distintas personas que vamos conociendo a lo largo de nuestra vida.
Son tantas posibilidades.
Sin embargo a veces decidimos como si las conocieramos, como si al ver al tipo que apostó por algo que no le da dinero nos tiene que dar pena (cuando igual es al revés). Cuando pensamos en la vida de los que optaron por otros caminos puede que sea tan glamourosa o tan desencantada que igual ya descubrirán con el tiempo que ese glamour o las riquezas que tengan no te dan la felicidad. Sin embargo cuando ves que alguien lo intenta, sientes envidia. ¿Por qué será?.
Por ello sabemos, o creemos saber, y en ocasiones deseamos creer para que se convierta en sapiencia, que los ricos son infelices o que los pobres son siempre personas honradas.
