Sapos, serpientes y pastillas rojas
Un día escuchando la radio, me enteré de un tipo de sapos propia de Africa (creo) y que lo habían llevado a Australia (igual fue al revés). El único enemigo natural que tenía en esta nueva zona era una serpiente propia del nuevo lugar. Sin embargo, los sapos tenían una sustancia en la piel que era tóxica para dichas serpientes. Así que durante un tiempo los científicos que estaban estudiando el incremento rápido del número de sapos buscaban alguna forma de controlar este crecimiento y volviera de nuevo el equilibrio.
Un día descubrieron que el número de sapos se estaba estabilizando, y empezaron a buscar las causas: Las serpientes habían mutado, y ahora podían comerse a los sapos sin preocuparse por su digestión.
A este hecho le uní que hace poco volví a ver Matrix, y a aquel momento donde le ofrecen al protagonista dos pastillas: una roja y una azul.
La azul, le llevaría a su día a día, “pensaría lo que quisiera” y fin de la historia.
La roja, le ofrecía la verdad. No le ofrecía, la felicidad, ni nada parecido pero le daría las respuestas que buscaba (dentro de la historia que se contaba en la película).
Sin saber cómo, terminé uniendo las dos historias, y a darle vueltas en mi cabeza. Empecé a pensar que en algún momento de nuestra vida, nos dan o simplemente tomamos sin saberlo, la pastilla roja, y descubrimos en es momento la verdad. Una verdad que puede ser que para cada uno sea distinta o que igual es una verdad común para todos, y que interpretamos de distinta manera.
El caso es que al tener ese conocimiento, al darnos cuenta de eso, nos intoxicamos, y muchos caemos. Ya sea que nos entra una depresión pensando sobre la realidad del mundo, de nuestras vidas, o la inutilidad de éstas.
Ese pensamiento nos envenena, y nos amarga.
Me encantaría, que al igual que las serpientes mutaron y lograron aceptar a esos sapos que inicialmente eran dañinos, podamos todos asumir ese momento de verdad, y seguir adelante sin hundirnos, sabiendo cómo afrontar esa nueva etapa.
