Estabilidad Laboral (VIII)
Una cosa de las causas por las que algunos empleados de aeropuertos se dedicaban a robar cosas de las maletas de los viajeros, era que había cierta eventualidad en el trabajo.
Y en cierta manera, a alguien que roba algo no lo puedes amenazar con echarlo, si en cuatro días ya iba a estar en la calle.
También es más difícil encontrar personas de confianza, o que se puedan especializar en algún campo, si se sabe que en cuando puedan se irán a otro sitio, y dejarán al empresario sin una persona formada que pueda con el tiempo continuar el negocio.
Así, se hace dificil una continuidad de un negocio si tras el administrador no existen otras personas capaces y capacitadas para continuar su labor, por lo que el negocio estaría en una grave situación.
La calidad de los trabajadores que se van generando es de peor calidad, en el sentido en que tienen un conocimiento superficial del negocio o área de negocio en el que está.
También se puede decir por otro lado que estos trabajadores tienen una mayor capacidad de adaptación a nuevos entornos, cosa que el mercado valora bastante.
Es difícil crear trabajadores que “arrimen el hombro” ni que propongan mejoras en la empresa, si no existe un componente emocional que ligue al trabajador con la empresa o al menos, una perspectiva de futuro con ella.
Esto y bastante más lo hace la estabilidad, y el plantear el trabajador como alguien a tener dentro de la estructura a medio plazo al lado a medio plazo.
Los parámetros que se suele mirar por parte de cualquier trabajador sería:
- El dinero a cobrar
- El horario
- El trabajo a realizar (esfuerzo y responsabilidad)
Y otros detalles menores (distancia a la vivienda, otros beneficios del mismo negocio, etc).
Pero pocos se preguntan o pensarían en un trabajo para:
- Formacion para un puesto mejor
- Posibilidades de promoción
- Beneficios sociales o reconocimiento
Una de las cosas que tenían los antiguos gremios medievales, es que cuando uno entraba, era valorado como una persona con un “oficio”. Actualmente a más de uno se le podría preguntar: ¿Cuál es tu oficio? O con qué oficio te sientes más identificado.
Esta pérdida del significado de lo laboral, venida desde hace años, por ese deseo de apartar el trabajo del individuo, intentando crear dos esferas separadas, hace que no exista un apego o una vocación, sino más bien un “amor al título” que se haya logrado en algún momento, aunque éste sea de un nivel ínfimo.
Hasta aquí lo que puede necesitar un trabajador, pero y qué podemos decir de los empresarios?.
Pues bien, en estos años de bonanza económica, hemos visto que pocos han creído en el capital humano. En cuanto lo han tenido en sus filas, lo han tratado como si fuera un peón de obra, y en ciertos trabajos de cualificación como el de ingeniero informático (que es en el cual puedo hablar con cierto conocimiento) con cierta ignorancia dando lugar a que casi el 100% de lo ingenieros se plantearan irse de las Islas a otro lugar a probar fortuna. Este es un ejemplo de conocimiento que es desaprovechado. No es un conocimiento como el de la filología, o el de la Historia, en el que no exista una demanda importante, más bien al contrario. En una economía que se vende a sí misma como de la Información, los ingenieros informáticos son los que se sienten, precisamente, los menos valorados.
Traslademos este comportamiento a este sector a otros. Y es que una de las ideas que se empieza a asentar es que la universidad no sirve, y a los que han hecho la carrera no es raro escucharles decir que si volvieran a empezar harían un ciclo formativo.
Bien, entonces por qué desde las instituciones se habla de “necesitar más personasl altamente cualificado”? cuando la realidad es otra.
Pues básicamente por quedar bien, porque si miramos el mercado laboral y el mercado universitario, hay un gap, entre una cosa y otra.
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