Segundo Renacimiento (XXIII)
El título lo he tomado de un corto de animación de la serie Animatrix que salió hace unos años. En ésta se planteaba el comienzo de la guerra entre los humanos y las máquinas. En un momento inicial del conflicto, se exponía que las máquinas (robots), podían fabricar productos con mejor calidad y a un precio muy inferior al de los humanos. Por lo que muchas fábricas cerraron, y con lo que se fue agravando la situación terminando con la conocida guerra.
En estos momentos no tenemos máquinas, pero si personas de países lejanos (o a veces no tanto) que hacen un trabajo bastante más barato que el que se podría realizar desde aquí, por muy eficientes que nos pongamos. Esto actualmente se llama deslocalización, es decir,que se crean en esos países empresas, o se trasladan instalaciones de un país a otro, donde las condiciones económicas son mejores.
Si fuera que los sueldos son menores, podríamos pensar que igual es parte del negocio, pues al vivir en países donde los gastos diarios comparados con los occidentales son menores, pues cobran en consonancia, por lo que tendrían un estilo de vida similar al nuestro pero más barato. Esto último ya empieza a sonarnos a difícil de comprender,
También se ha lanzado el mensaje, desde ciertos elementos occidentales, que el llevar empresas a esos países supone un aumento de la productividad de ese país. Puede ser, pero tiene pinta de ser pan para hoy, y hambre para mañana. Además de que al permitirse ciertas licencias, nos podemos encontrar con países sin seguros sociales, una sanidad en precario, con unos medios de producción que no se mejoran, y encima tendremos a unos cuantos que suelen ser los que permiten la instalación de estas empresas, cobrando un sobresueldo, y haciendo la vista gorda sobre algunos problemas, o incluso poniendo a las fuerzas de seguridad en uso, para evitar posibles conflictos por unos “derechos”.
Creo que empezamos a entender todo este asunto de la globalización, pero también debemos pensar si tenemos que competir en cuanto a producción contra esclavos. Por mucho que intentemos mejorar en occidente, o crear empresas que produzcan bienes, si sale más barato fabricarlos al otro lado del mundo, y traerlos, poco se puede hacer.
Así que al igual que en el corto de animación los humanos tenían que competir económicamente contra las máquinas, aquí nos vemos en una situación donde humanos compiten contra humanos, pero sin que ninguno gane.
Una solución sería que todos tuviéramos unas reglas mínimas de juego. Es decir, que en cada país existiera unos seguros mínimos, el establecimiento de un sueldo mínimo coherente, y no uno inventado para que los inversores extranjeros puedan establecerse.
No es una cuestión de luchar contra lo extranjero, sino que si todos estamos de acuerdo que la esclavitud debería erradicarse, no crear una esclavitud “de facto” frente a la idea de construir un bien, o de ofrecer unas inversiones que mejorarían un país. Cuando que yo sepa, las empresas suelen invertir en sus instalaciones, y bastante poco en mejorar su alrededor.
La otra solución creo que sería sacarlos del sistema de mercado capitalista en el que estamos todos metidos, pues al no poder querer mejorar las condiciones de trabajo, se permite una competitividad, basada en la esclavitud.
Este país que está fuera del mercado, podría trabajar junto con otros países, a la hora de hacer negocios. Por ejemplo países vecinos que tienen un nivel similar económico y unos sueldos similares, podrían comerciar entre ellos.
Ya sé que alguno de los lectores les parecerá delirante esta idea, yo también pienso que es algo “fantástico”, pero creo que en la situación en la que nos encontramos, el ceñirnos a los manuales, o a las ideas que los especialistas nos recomiendan, nos obliga a pasar una temporada de crisis, con consecuencias globales, y no sólo eso, sino que al salir de la crisis, nos encontraremos en una situación peor que la inicial, con una economía global que no ha salido de un orientación a la producción, y con unos países pobres, que siguen siéndolo, y que podrían trasladar su inestabilidad, desde sus fronteras a otras más cercanas a las nuestras.
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